Buenos días. Esta semana le toca estar de crisis al Barça. Pero como la semana que viene le tocará a otro (¿Sevilla?) ampliaremos un poco la perspectiva a los últimos años.
“SALVEMOS AL REAL MADRID
La crisis del histórico rival del Barcelona, analizada desde una compasiva atalaya catala
Maliciosamente se me pide que comente la crisis del Real Madrid desde el supuesto de que lo voy a hacer babeante de gusto, desde el placer del sectario barcelonista ante el antagonista caído. Para empezar, yo no creo en la crisis del Real Madrid como comunión de jugadores o como colectivo de socios y simpatizantes. Hay crisis de gestión, es evidente, así en lo económico como en lo deportivo, pero una plantilla que cuenta con los jugadores no puede considerarse negada para la resurrección, y una masa adicta como la realmente existente queda a la espera de la más mínima satisfacción épica para salir del pesimismo histórico que hoy les angustia. Tampoco entiendo cómo ha sido posible que la histeria de una directiva haya magnificado un mal comienzo de la Liga que otras veces han protagonizado otros clubes grandes, el Barcelona sin ir más lejos. El mismo año en que Cruyff se incorporó al club procedente del Ajax, el Barcelona había empezado la Liga por abajo y acabó ganándola.
Y es que los barcelonistas necesitamos un Real Madrid fuerte para sentirnos seguros de nuestras victorias y nuestras derrotas. Nada sería tan tedioso como imaginar un futuro futbolístico español con un Real Madrid a la baja. Yo creo que, si se produjese esta circunstancia, el Barcelona languidecería y acabaría acompañando al Real Madrid en la llamada “zona segura de la clasificación”. No quiero pasar por hipócrita y negar que no me disgustan algunos desastres del Real Madrid, pero tampoco quiero que se ignore que admiré al Madrid de Di Stéfano como luego admiré al de los yeyés, con sus genios incómodos para mi barcelonismo, como fueron Pirri, Amancio o el inolvidable Velásquez, un jugador del que aún recuerdo sus cambios de ritmo, sólo comparables a los de Marcial, y su sentido del pase al espacio abierto, que hoy sólo está en condiciones de imitar Guardiola. Como admiré al Buitre, jugador de matices, delicado como una mayonesa pero imprescindible en cualquier plato basado en sabores macedónicos, e incluso al marrullero Hugo Sánchez, el enemigo público número uno de la serenidad de espíritu de los porteros y de los defensas centrales antagonistas; o al guadianesco Míchel, que de vez en cuando vuelve de vacaciones, corre la banda y centra como si fuera lanzadera de bombas inteligentes”.
Manuel Vázquez Montalbán, originalmente publicado en prensa, y recogido en su libro “Fúbol. Una religión en busca de un Dios”
La historia se repite. Dice el materialismo histórico que como consecuencia de la lucha de clases: el enfrentamiento entre fuerzas antagónicas por la organización del sistema productivo. El fútbol, como bien sabía Vázquez Montalbán, casi es ajeno a todo eso. Pero sólo casi.